A 15 años, Aparecida inspira
Bogotá, 13 de mayo de 2022
Por Monseñor José Luis Azuaje Ayala, Arzobispo de Maracaibo y Presidente de Caritas A-L y C.
Un acontecimiento fundamental ha sido la celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, Brasil, del 13 al 31 de Mayo de 2007, ante el reto de “mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo” (DA 14).
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El encuentro estuvo animado desde una perspectiva pastoral, pero ésta fue iluminada desde la realidad socio-económico-político-cultural y religiosa de la región, donde las personas realizan su vida y se juegan su futuro. A 15 años de haberse celebrado, este encuentro eclesial sigue vigente a través del documento conclusivo de Aparecida, fruto del discernimiento y la toma de decisiones, así como de la Misión Continental esparcida por toda América Latina y el Caribe durante un tiempo, y en época reciente a través del Magisterio del Papa Francisco, quien jugó un servicio fundamental en la V Conferencia.
Una realidad que interpela
Es obligatorio comprender la realidad de nuestro continente para encauzar las líneas pastorales de la Iglesia. Toda nuestra región ha cambiado en los últimos años, se ha profundizado la inequidad, cada día hay más pobres no sólo materialmente, sino también culturalmente; se ha avanzado en procesos democráticos, pero se siente la amenaza de que algunas de estas democracias están siendo sustentadas por ideologías y pensamientos que han sido superados en la historia y que cuando estaban vigente causaron pobreza, dolor y muerte; han surgido liderazgos y protagonismos de pueblos indígenas y afrodescendientes, de movimientos populares que todavía no han conseguido la relevancia y el reconocimiento social que les permita un sentido más incluyente en la sociedad.
Muchas otras realidades se podrían señalar, éstas nos dan una idea de los retos que la Iglesia se plantea hoy, cuando lo más delicado está en riesgo: la concepción misma del ser humano, el valor de la familia y de la vida en su gestación y ocaso, así como el sistema de libertades y la credibilidad de la Iglesia.
Muchas preguntas surgen hoy: ¿cómo hemos vivido la fe en nuestra Iglesia y comunidades?, ¿nos sentimos realmente discípulos misioneros de Jesucristo?, ¿vivimos nuestras responsabilidades en coherencia de fe y vida?, ¿qué repercusiones tiene sentirnos Iglesia en la construcción del Reino de justicia, paz y amor que Jesucristo ha instaurado?, ¿cuál es nuestra actitud ante el sentido de comunión y fraternidad con los hermanos y hermanas?, ¿cuál es el compromiso socio-político que se desprende de la fe para que nuestros pueblos en Jesucristo tengan vida?.
Una experiencia de comunión y participación reunir 265 personas miembros del Pueblo de Dios para hacer un ejercicio de diálogo, reflexión, discernimiento y toma de decisiones en torno a la realidad pastoral latinoamericana y caribeña, no era fácil. Al inicio de la Conferencia General se hizo un profundo discernimiento para clarificar lo que se quería dese dos ámbitos o propuestas:
- La primera propuesta pedía que se hiciese una profunda reflexión pastoral sobre la realidad de la región teniendo en cuenta el punto de enlace: “Ser discípulos misioneros”. Esta reflexión daría origen a una serie de proposiciones pastorales, pero no necesariamente a la elaboración de un documento. Estas proposiciones se publicarían como resultado de la Asamblea Episcopal, pero no como un documento elaborado.
- La segunda propuesta expresaba que se haría una reflexión con un núcleo dado por el discipulado y la misión, y se llegaría a la elaboración de un texto que sería de toda la Asamblea. Para ello se seguiría un esquema gestado y aprobado por la propia Asamblea y diseñado por una comisión de redacción.
Esta segunda proposición fue aprobada y se procedió a los trabajos de grupos y posteriormente de comisiones y subcomisiones. Fue un interesante ejercicio de comunión sinodal porque tanto los grupos, comisiones y subcomisiones estaban integrados por Cardenales, Obispos, Sacerdotes, Diáconos, Laicos, Religiosos y Religiosas, y hermanos cristianos de otras confesiones religiosas. Hubo un clima muy abierto para hacer propuestas y crear una metodología adecuada al grupo y sus intereses.
Es necesario decir que al inicio se empezó la reflexión sin un texto guía; es decir, en las primeras reuniones grupales, aunque los 22 presidentes de Conferencias Episcopales habían hablado sobre la realidad de su país e Iglesia, así como los representantes de los dicasterios de la Santa Sede y algunos otros invitados, los grupos se sintieron en plena libertad de proponer diversas temáticas y aspectos de la realidad de sus países e Iglesias particulares en dos ámbitos: 1.-La interpelación a los discípulos misioneros en torno a la realidad socio-político-económico-cultural; 2.-la actuación de estos discípulos misioneros en la Iglesia.
De estas dos reflexiones brotaron los temas que irían a las comisiones que eran integradas libremente por los asambleístas. La participación en las comisiones y subcomisiones se realizó con mucha libertad, no hubo presiones, a no ser del tiempo, pero la direccionalidad de las reflexiones estuvo siempre dada por la comisión misma. Como relator de una subcomisión puedo dar testimonio de esto. Hubo un gran respeto a lo propuesto por los miembros de las comisiones. En ellas interactuamos todos acorde a la petición de la palabra y se exigía que las propuestas fueran sistematizadas por escrito para que el relator pudiera realizar su trabajo con fidelidad a lo propuesto.
Cada mañana se deliberaba sobre las reflexiones y conclusiones del día anterior y se aprobaba todo lo que iría a la Comisión Central redactora presidida por el Cardenal Bergoglio. Se utilizó la metodología de redes, donde cada subcomisión hacia una exposición detallada de sus reflexiones a las otras subcomisiones, esto enriqueció las propuestas. Hubo un ambiente de mucho respeto y cordialidad; respeto a las propuestas dadas que eran analizadas por la comisión, y cordialidad en el trato, nunca se condenó ninguna propuesta, antes bien se buscaba enriquecerla y que hubiese un consenso hacia ella, de esa manera tendría más fuerza para ser presentada.
Discurso inaugural del Papa Benedicto XVI En el día inaugural, 13 de mayo, se mantuvo una expectativa en cuanto a la presencia del Papa Benedicto XVI, puesto que la palabra de los Papas siempre ha encauzado las reflexiones de las Conferencias Generales. Además, era la primera visita que el Papa Benedicto XVI hacia a América Latina y, por ende, allí explicitaría su pensamiento sobre el continente; además, el Papa conocía muy de cerca la preparación de la V Conferencia.
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