Con todo cerrado, vídeo pide que el Espíritu habite “en esta humanidad herida y agobiada”
Bogotá, D. C., 2 de junio
ADN Celam. Un vídeo en memoria agradecida a los “Héroes de la Salud”, con un contenido en el que se nos invita a abrir las puertas en este tiempo en el que el Covid-19 las ha cerrado.
Que el Espíritu se ponga en medio de nosotros
Dirigido por Mons. Gabriel Bernardo Barba, obispo de San Luis, Argentina, el vídeo ha llegado al conocimiento del Papa Francisco, que después de verlo ha animado a difundirlo. Se trata de un mensaje, cuyo texto es autoría del presbítero Diego María Canale, párroco en la diócesis de Neuquén, y que contó con el diseño y edición del equipo de comunicación diócesis de San Luis.
El mensaje es una súplica en la que “estando las puertas cerradas por temor al Covid, pedimos que te pongas en medio nuestro, necesitamos tu presencia Señor, porque ella nos da paz, necesitamos ver tus heridas resucitadas, porque ellas nos traen esperanza”. Se quiere hacer así referencia a la situación vivida en Argentina en las últimas semanas, donde las celebraciones han sido virtuales y donde las medidas restrictivas del gobierno dificultan la presencia en los templos.
Escuchar y consolar al que sufre
Abrir los corazones, transformarse en templos abiertos, escuchar al triste, consolar y rezar, son actitudes indicadas en el vídeo, pidiendo que el Espíritu sea soplo de aire nuevo que ayude a recuperarse a quienes se sienten abatidos.
También se dirige a los gobernantes, “para que nunca olviden de donde han salido y recuerden para qué han sido elegidos”, pidiendo al Espíritu fuerza para “tantos y tantas que luchan por vivir”, para “tantos hogares en duelo”, para quien se pide al Señor: “sopla tu Espíritu que consuela y acompaña”.
Aprender a ser mejores
En el recorrido que hace por las diferentes realidades, se recuerda a los niños, para quienes se han cerrado las escuelas. Con ellos, se pide “que aprendamos a ser mejores, para que el mañana nos encuentre distintos, más parecidos a Vos”. Tampoco se olvida de los buscan trabajo, esperando que el Señor abra “el corazón de quienes pueden darlo”.
Con los templos cerrados, el mensaje pide que “en cada casa, como familia, ven Señor Jesús, ven a cada hermano, sufriente, golpeado”. Se pide eso al Espíritu, que es “caricia y consuelo”, implorándole: “habita dulce huésped en esta humanidad herida y agobiada”. Ese Espíritu, que es nuestro alivio, se le pide que venga “a nuestros hermanos que se desempeñan en los hospitales y en los puestos sanitarios”, insistiendo en que “solo Tú, que eres descanso en el trabajo, aliéntalos en esas obras de fuego”.
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Un Espíritu que debe llevarnos a cambiar de actitud, “a lavar nuestra cerrazón del corazón, nuestra enemistad social, riega nuestra aridez espiritual”. Para ello se le solicita: “sana las heridas que nos va provocando, ven y suaviza nuestra dureza”. También que nos enseñe “a tratarnos como Tú nos tratas”, y junto con eso a llenar “con tu calor la fealdad egoísta del corazón humano”. Es tiempo para que el Espíritu de Dios nos tome de la mano y nos muestre “nuevamente el camino”.
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